viernes, 27 de febrero de 2015

LA PIEDRA EN LA CIUDAD PRIMADA....

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En su “Historia de la Isla Española o de Santo Domingo” (1730), escrita particularmente sobre las memorias manuscritas del Padre Jean Baptiste Le Pers, jesuita, misionero en Santo Domingo, y sobre los documentos originales que se conservan en el Depósito de la Marina, el P. Pierre Francois Xavier de Charlevoix, quien llegó a Santo Domingo en septiembre de 1722, al referirse a la ciudad expresa: “…las calles eran anchas y bien cortadas, y las casas alineadas en buen orden. Eran construidas en su mayor parte con una especie de mármol, descubierto en las inmediaciones. Las demás eran de una clase de tierra, en extremo correosa, que se endurece al aire, y dura casi tanto como el ladrillo.”

P. Pierre Francois Xavier de Charlevoix
Por su parte, Méderic Louis Elie Moreau de Saint-Méry, administrador y político francés, nacido en Fort-Royal (Martinica), visitó Santo Domingo en 1783, y escribió “Descripción de la parte Española de Santo Domingo” (1796), en la que refiere: “La ciudad está construida a la moda de las antiguas poblaciones de España y de Italia. La mayor parte de las casas construidas desde su origen, son de una especie de mármol que producen las cercanías” (Canteras de Santa Bárbara). “Las casas de Santo Domingo son bastante hermosas…Desde hace aproximadamente quince años (1781 – Siglo XVIII), se construye un número creciente de casas de madera y las cubren de hojas de palma o yaguas.”
Lo que Saint-Méry nos dice en este último párrafo no es otra cosa que lo que he estado diciendo, cuando trato de explicar lo que era Santo Domingo hasta finales del siglo XVII, y el ritmo de crecimiento de la ciudad.
 
 
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A continuación párrafo de la conferencia dictada por Américo Moreta Castillo en la Academia Dominicana de la Historia, con el título: El Santo Domingo del Siglo XVIII a través del Libro Becerro.
 
“El Libro Becerro no abarcó todos los sectores de la ciudad, y podríamos afirmar que el mismo se limitó a la parte que se urbanizó, fundamentalmente, a través de bohíos durante el Siglo XVIII, época en que desaparecieron las estancias intramuros, destacadas por los antiguos cronistas, poblándose con ciertas características de barrios humildes los sectores de Santa Bárbara, San Antón, San Miguel, San Lázaro, La Misericordia y los Batiportes; excepcionalmente el libro abarcó algunos inmuebles propiedad del Cabildo en otros sectores de la Ciudad Primada…”
Continuando con relatos de personajes que pasaron por Santo Domingo, durante los siglos XVII, XVIII y XIX, me referiré a lo escrito por el teniente David Dixon Porter, durante un viaje a nuestra isla en 1846, que realizara por encargo del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Al referirse a la ciudad de Santo Domingo, dice: “Las casas eran tan espléndidas, en su mayoría hechas de piedra, que ningún edificio de España podía competir con ella en magnificencia o comodidad.”
 
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Santo Domingo, pinceladas y apuntes de un viaje”, es una obra del periodista norteamericano Randolph Keim, quien visitó nuestro país en el 1860, en busca de informaciones de primera mano que se pudieran difundir entre los lectores de The Herald, cuya obra fuera publicada en Filadelfia, en 1870.
 
Al bajar del barco que lo trajo a Santo Domingo, refiere: “Entrando por la Puerta de la Atarazana, dirigí mis pasos hacia algunas calle principales. Santo Domingo, según vi, es en todo su aspecto una ciudad española…Los edificios en el centro de la ciudad eran, generalmente, sólidos. Los que llevaban las huellas de la antigüedad estaban construidos con piedra caliza…Todos los edificios tenían techos de ladrillos lisos (lo que se conoce como techo romano), y la mayoría, de los del centro de la ciudad, eran de dos plantas. Jugando por la apariencia de estas estructuras, la mayoría de ellas eran las mismas que se construyeron originalmente en el lugar.”
 
Una comisión del gobierno norteamericano se trasladó a Santo Domingo, en enero de 1871, para investigar el estado de los asuntos de la Isla e informar sobre los mismos. Al referirse a la ciudad capital, Samuel Hazard, uno de sus miembros, refiere: “Las paredes de las casas más antiguas están construidas muy sólidamente con piedra, o el material conocido como mampostería”…Al hacer referencia a la invasión de 1586 de Francis Drake, Hazard dice: “A causa de desacuerdos con sus comisionados, todas las madrugadas nos dedicábamos a quemar las casas limítrofes con el otro sector, pero estaban tan sólidamente construidas de piedra, con altos desvanes, que nos ocasionaba no poco trabajo el demolerlas.”
 
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Sobre las acciones de estos bárbaros ingleses debo añadir, que mientras restauraba mi casa, ubicada en la calle Arz. Meriño 263, encontramos las paredes de piedra de la galería de la segunda planta, totalmente ennegrecidas. Lo que indica que la piedra estaba expuesta, lo que justifica lo de los incendios cometidos por las tropas de Drake, además de que las paredes eran de piedra expuesta, no enlucidas.
 
Finalmente, nuestro Luis E. Alemar, en su obra “Santo Domingo – Ciudad Trujillo”, publicada en 1943, y reeditada posteriormente con el título “La Ciudad de Santo Domingo”, nos dice: “Pasados acá todos los vecinos, hicieron sus casas de madera y paja, pero desde algunos meses comenzaron, cada uno según podía, a edificarlas de piedra y cal. Tiene la comarca de esta ciudad, mejores materiales para edificios que se pueden hallar en alguna parte, así de cantería como de piedra y cal…”
 
Como hemos podido ver, algunos de los cronistas a los que hemos hecho referencia, al relatar lo que vieron en Santo Domingo se limitan a mencionar la piedra solo en las edificaciones civiles. Lógico, es de presumir que las grandes edificaciones: fuertes, iglesias, palacios, y otras, no podían estar hechas de materiales inferiores. Para ello tenían las canteras de piedra a su disposición en el límite norte de la ciudad. Por lo que debieron entender que no era necesario especificarlo.
 
En su obra “Edificaciones de Santo Domingo” Emilio Rodríguez Demorizi, Ciudad Trujillo, 1938, nos dice: “La historia de los monumentos coloniales de Santo Domingo, “Museo de América”, como llamó a esta ciudad el Maestro Dr. Federico Henríquez y Carvajal, fue tema de encendida controversia entre Fray Cipriano de Utrera y el Lic. Leónidas García Lluberes, y objeto de interesantes trabajos de Don Bernardo Pichardo, Don Emilio Tejera y Don Luis E. Alemar, autor de los interesantes libros Santo Domingo-Ciudad Trujillo, y La Catedral de Santo Domingo.

 Pero todavía no disponemos de una monografía documentada y gráfica, que comprenda, no sólo las construcciones que pueden llamarse civiles, sino también las residenciales del más alto valor histórico o arquitectónico. Estas notas, ilustradas con el plano de Santo Domingo, de 1785, tienden a contribuir a ese estudio, cuya principal finalidad debe ser la preservación de nuestras reliquias históricas, Piedra de nuestros antepasados.”
 
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En cuanto al estado en que se encontraba la ciudad de Santo Domingo a finales del siglo XVIII, vale la pena entender, que debido a la situación económica por la que atravesaba la colonia, esta se estaba bastante despoblada, y carente de nuevas edificaciones, que no fueran las casas de madera y paja. De ahí, que la Ciudad Primada se mantuvo, hasta finales del siglo XVIII, y principios del XIX, como fue dejada por los colonizadores españoles en el año 1821, cuando ocurrió su desalojo del país. Que consistió en la extensión hacia el occidente entre las calles Hostos (límite de la Ciudad de Ovando) y Sánchez, aproximadamente.
Es de ahí, que nuestro empeño en intervenir nuestro patrimonio histórico arquitectónico consistiera en dedicarle una mayor atención a la veintena de manzanas originales de la gloriosa Santo Domingo. Única de las ciudades americanas auténticamente española de la primera mitad del siglo XVI. Por lo que sus edificaciones, hechas tanto de piedra como de tapia fuerte, deberían ser objeto de un cuidado especial. Esto, si por un lado queremos sentirnos orgullosos de contar con el conjunto monumental más antiguo y auténticamente español del Nuevo Mundo y, por el otro, pretendamos venderla como una atracción turística de primer orden
 
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“A partir de 1730 la colonia inició una débil recuperación a través de un activo comercio con la colonia del oeste, se abrieron los puertos de Santo Domingo y Montecristi y desde allí realizaron comercializaciones con diferentes países europeos, favoreciendo de esta manera al comercio de Santo Domingo. Cabe destacar también que las diferentes migraciones hacia la colonia a partir de la primera década del siglo XVIII, traería cambios sociales y económicos apreciable, los inmigrante dominarían el poder político, social y económico de la colonia. Con ellos se va creando la etnia de la parte este, donde el 15% correspondía a los blancos, 60% mulatos y un 25% de esclavos. En el aspecto cultural en la colonia se mantiene la religión católica, el idioma español y todas sus tradiciones regionales; que darían como resultado la cultura nacional. (Colaborado por: Raul Perez Garcia, para http://www.agendistas.com)”

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