domingo, 16 de septiembre de 2012

EL PENSAMIENTO PEDAGÓGICO DE EUGENIO MARIA DE HOSTOS...

 

1913.- Niñas del Liceo Dominicano se examinan en la Escuela Normal. El edificio es la capilla terciaria de los Dominicos, frente al Convento, antes Biblioteca Hostos y hoy Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis. La conversión de una capilla religiosa en Escuela Normal simboliza los conflictos entre la Iglesia Católica y las ideas de Hostos de proveer una educación independiente de las enseñanzas religiosas.

 
Estando en Caracas en 1876, Hostos experimenta su primer contacto con la educación formal. Tenía entonces 37 años. Aunque habia estado antes en Puerto Plata, y llegò a intentarse la apertura de una escuela normal, las uvas no estaban aùn maduras y esa vez no se pudo. Lo que se le planteó en Puerto Plata, y posteriormente en Venezuela, no coincidían en absoluto con su pensamiento. Tres años después habría de comenzar su auténtica labor pedagógica en Santo Domingo. Era presidente de la República, Gregorio Luperòn. Se le encarga elaborar un plan con los objetivos y estudios bien delineados. En el 1879. Da sus primeros pasos para la creación de una Escuela Normal de varones. Cuando se arranca de nada hay que comenzar por la piedra angular de toda enseñanza: el maestro. En la República propiamente no habian maestros; había repetidores, memorizadores, hasta cierto punto torturadores que castigaban a los alumnos de modo violento y enseñaban la mayoría de las veces cosas absurdas. Hay que formar maestros, es lo primero...Maestros conocedores de lo van a enseñar, y como enseñarlo. Salomé Ureña se le une fundando el Instituto de Señoritas.

La educaciòn dominicana comenzaba a dar, sobre seguro sus primeros pasos. Hostos no cree en una educación circunscrita al aula y al patio de la escuela. La actividad pedagógica debe volcarse al parque, a la calle, al campo, al hogar, asì, la enseñanza formal se empapa de la praxis cotidiana, y la realidad de las cosas encuentra su razón sin misterios. Hostos junto a Andrés Bello y Bartolomé Mitre forman la trilogìa del pensamiento pedagógico hispanoamericano por excelencia. El evangelio hostosiano se apoya en su trìpode fundamental para que toda enseñanza aprendizaje sea verdaderamente eficaz: Racional- Moral-y Universal. Racional porque ningún conocimiento nos debe ser transmitido en medio de neblinas y oscuridades. La razón debe prevalecer en lo que se enseña por lo que ni debe ser memorística ni dogmática.

 Moral, porque esta atiende a las costumbres. La entereza de las costumbres ciudadanas es una garantía para la tranquilidad de la naciòn y el progreso. Universal porque el saber no debe tener parcelas, debe alcanzarlo todo, abrazarlo todo, observarlo todo. Eugenio María de Hostos nació el mismo año que Gregorio Luperòn, de quien sería gran amigo en 1839, pero en Mayagüez, Puerto Rico, mas que un boricua se le considera antillanista por antonomasia...Visionario y varón ejemplar. A èl, Hostos, le tocó la misiòn de reencauzar la educación nacional por los trillos del positivismo y el cientifismo pedagógico. Juntos, bajo la égida ideológica del maestro, inician el primer ensayo verdaderamente serio, tonificante y vivificador, de reestructurar nuestras viejas estructuras educativas. Como era de esperar chocan con enormes dificultades. Carecía el país de una clase social dominante que impulsara, como suya, la nueva escuela hostosiana.

Ingente pobreza a todos los niveles. Asonadas golpistas. Dictadura de Lilis...Confusión acerca de la verdadera personalidad del Sr. Hostos. Mediocridad. Apatìa...Falta de fe. Con todo, el gran maestro se sobrepone, ya estaba acostumbrado a esas lides desiguales y difíciles, en su lucha por la liberaciòn de Puerto Rico, su tierra natal. Arò y sembró incansable. Los frutos no fueron los que el hubiera soñado, pero algo quedò. En estas cosas algo siempre queda. Sin lugar a dudas el gran maestro darìa todo de sì. Como verdadero hijo de su època, al influjo del anti-clericalismo, tan de moda entonces, consideraba la injerencia de la Iglesia y el clero en materia educacional obsoleta, perjudicial e inùtil.

Esa era su opiniòn, por cierto muy personal, y es justo que se la respetara y se la respete. Por esa razòn la Iglesia Catòlica Dominicana se exime de participar, como tal, en el ceremonial de exhumaciòn, velatorio y posterior enterramiento en el Panteòn Nacional de sus veneradas cenizas. La Iglesia  pediò a sus ministros que no participen en dichos actos. Muy acorde a su misiòn armonizadora y fraternalista prefiere no inmiscuirse en las segundas exequias de este grande y noble hombre que, cuando vivìa, allà en el fondo de su corazòn, mantuvo sus reservas y rechazo a la Iglesia, con una actitud hasta cierto punto militante y en contra de ella. Muchos mal interpretaron la posición de la Iglesia tal vez, por carecer de los elementos de juicio suficientes. La muerte sella para siempre la vida de un hombre. En la situaciòn ideològica o social en que se encuentre, cuando èsta sobreviene, asì queda marcado para toda la posteridad.
Cuando el Sr. Hostos murió en fecha 11 de agosto de 1903 , en una estancia frente al mar a donde habìa sido llevado desde su casa en San Carlos, era un íntimo convencimiento suyo el anti-clericalismo y la marginaciòn de la iglesia. Sus funerales, apoteósicos cabe decir, no contaron la presencia de ningùn ministro religioso, e incluso su tumba no fue ni en el cementerio ni menos un templo, sino en el jardín de su querida escuela Normal, frente a la hoy calle Macorìs.

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